Incluso ante las palabras del Demonio Celestial, cuyo significado era difícil de descifrar, su subordinado permaneció con el cuerpo profundamente inclinado.
—El Demonio Fantasma de la Lengua Venenosa se pregunta por qué el Líder del Culto tiene consigo a la hija del Señor del Palacio, y está armando un alboroto en el Palacio del Demonio Celestial.
—¿Hija? Parece que finalmente ha perdido el ojo que le quedaba.
—Este humilde servidor tampoco dijo que fuera una hija, pero... él montó en cólera diciendo que en qué lugar del mundo existiría un hombre con piel de jade y cabello tan níveo como la Montaña de la Nieve Eterna...
Conocido como uno de los Quince Grandes Maestros del Culto Demoníaco, el Demonio Fantasma de la Lengua Venenosa era literalmente un demonio adepto a soltar palabras y actos atroces. Aunque en el rango oficial estaba fuera de los diez primeros, si se tratara de un combate a muerte real, era alguien capaz de entrar con creces entre los cinco primeros. No obstante, al ser tan elusivo e impredecible como un fantasma, se le otorgó el apodo de Demonio Fantasma.
—Transmítele que, si cruza la línea, perderá el único ojo que le queda.
—¡A la orden! ¡Ack!
Tras su voz solemne, un grito de sorpresa rompió el aire. La razón por la que Jang Woon se asustó antes de terminar su transmisión de sonido fue por la persona que salió tambaleándose de la oscuridad de la cueva. Aunque Mugyeong había detectado el movimiento de Hoyeon, el hecho de que este arrastrara su larga cabellera por el suelo fue suficiente para dar un buen susto.
Mugyeong supo de inmediato que Hoyeon todavía estaba sumergido en un sueño. Si hubiera estado en sus cabales, habría caminado erguido, pero en ese momento solo se movía por instinto buscando una fuente de calor.
—¡Cómo me atrevo a comportarme de manera tan imprudente ante el Líder del Culto! ¡No merezco ser la sombra del Líder! ¡Por favor, castígueme con la muerte!
Jang Woon se inclinó ante Mugyeong, verdaderamente preparado para morir por la falta de respeto que presenciaba.
—Con ese cabello desordenado, es normal que reaccionaras así.
Hoyeon se acercó a Mugyeong y rodeó su cintura con los brazos desde un costado. Él bajó la mirada hacia Hoyeon con tranquilidad.
—Sin embargo, ciertamente posee una belleza poco común.
Mugyeong levantó la barbilla de Hoyeon con su dedo índice y observó su rostro aturdido.
Jang Woon abrió los ojos de par en par ante el inesperado interés que mostraba Mugyeong. Por naturaleza, el Líder jamás mostraba un interés particular hacia nadie. Por esa razón, todos asentían convencidos de que para ascender a la posición del Demonio Celestial realmente se debía renunciar a las emociones humanas.
Inconscientemente, Hoyeon frotó su mejilla contra la mano cálida de Mugyeong. Aun prestándole su mano, la expresión de Mugyeong no sufrió alteración alguna.
—Regresa a la sede principal. Ordeno que todos guarden absoluto silencio sobre mi identidad.
—¡A la orden!
Jang Woon era tan perspicaz como elevado era su nivel marcial. Habiendo presenciado todo lo ocurrido a su lado, al regresar a la sede principal informaría sobre la identidad del Líder como el segundo hijo de "Mu Seongpyeong", uno de los Cinco Grandes Ancianos Demoníacos, y se encargaría de que guardaran silencio total ante Wi Hoyeon.
Jang Woon observó la espalda de Mugyeong mientras este cargaba con facilidad al aferrado Hoyeon y desaparecía en la penumbra de la cueva.
Su señor le había ordenado transmitirle al Demonio Fantasma de la Lengua Venenosa que se contuviera, pero a Jang Woon ya se le hacía vívida la imagen del demonio acosándolo e interrogándolo sin descanso para averiguar qué pasaba por la mente del Líder.
Pensándolo bien, ¿acaso era un asunto en el que el Líder del Culto debiera intervenir en persona? Aunque llegó una carta secreta advirtiendo que el Primer Joven Maestro, Cheon Beomyeong, tramaba algo, el Escuadrón de las Sombras DemoníacasMayeongdae / 마영대: Fuerza de combate de élite directamente subordinada al Líder del Culto. habría sido más que suficiente para proteger a Wi Hoyeon. Y aun así, tras ver el retrato, el propio Líder se movilizó personalmente.
“Sin embargo, ciertamente posee una belleza poco común.”
¿Acaso el Líder alguna vez había mencionado la belleza o fealdad de otra persona?
Wi Hoyeon era, sin duda, una belleza sin igual. Sin embargo, su señor era alguien a quien no le importaba en lo más mínimo la apariencia física, sin importar el género. Incluso cuando la Diosa de la Niebla de Sangre, Jam Bihwa, conocida en el Culto SagradoShin-gyo / 신교: Denominación oficial con la que los miembros del Culto Demoníaco se refieren a sí mismos. como una belleza absoluta, le profesó su amor apasionado, él ni siquiera parpadeó. Jang Woon incluso recordaba que ella, sumida en una profunda desesperación, llegó a soltar la locura de que se convertiría al taoísmo.
Mientras regresaba a Las Cien Mil Grandes Montañas, Jang Woon se detuvo en seco como quien tiene una súbita revelación.
¿Será que se enamoró a primera vista tras ver el retrato? Pero Wi Hoyeon ni siquiera es una mujer... ¡¿Cómo voy a decirle esto al Demonio Fantasma de la Lengua Venenosa?!
Jang Woon, que desplegaba una técnica de ligereza de alto nivel como si volara por el aire, estaba consumido por toda clase de dilemas.
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Cuando Hoyeon abrió los ojos, Mugyeong ya estaba vestido con su túnica negra de combateGyeongjang / 경장: Vestimenta marcial sencilla y ceñida, diseñada para facilitar la agilidad y el movimiento en combate.. A juzgar por la inclinación de los rayos del sol que entraban en la cueva, parecía que había estado durmiendo durante un buen rato desde la noche anterior.
Curiosamente, quizás por haber dormido mucho, se sentía mucho mejor que ayer. Aunque su meditación había sido descuidada, era extraño que su cuerpo se hubiera recuperado tan rápido. Se preguntó si la serpiente que comieron anoche sería algún tipo de criatura espiritual, pero la verdad era que él ni siquiera la había probado.
—¿Me desperté un poco tarde, verdad?
Las primeras palabras de Hoyeon al despertar estaban llenas de disculpa, por lo que añadió una excusa.
—Es que tiendo a dormir mucho...
—Tus hábitos de sueño son bastante severos.
Fueron palabras capaces de ahuyentar de golpe cualquier rastro de sueño. Como Hoyeon siempre dormía con los niños, ni siquiera sabía que tenía malos hábitos al dormir. Una vez que los niños caían dormidos rara vez se despertaban, por lo que hasta entonces le había sido imposible saberlo.
—¿Acaso... te pateé?
—Si solo fuera eso, estaría bien.
—Ah...— Hoyeon no pudo ocultar su expresión de vergüenza. —En el futuro, si vuelvo a hacer eso, ¿Podrías golpearme para despertarme o simplemente amarrarme?
—Tal vez te golpeé demasiado suave.
Mugyeong soltó algo que no se sabía si era broma o verdad mientras se ajustaba las mangas. Hoyeon no creía realmente que lo hubiera golpeado, pero respondió con timidez para ocultar su vergüenza.
—La próxima vez puedes golpearme un poco más fuerte.
—¿El Joven Maestro Hoyeon planea seguir durmiendo conmigo?
Ante la pregunta formulada con tanta naturalidad, el rostro de Hoyeon se encendió al rojo vivo de inmediato.
—No es eso, pero... no hablé en sueños ni nada parecido, ¿verdad?
Hoyeon murmuró mientras se mordía los labios de forma vacilante. Al hacerlo, los dos lunares bajo su labio resaltaron especialmente. Mugyeong observó con atención el estado del cuerpo de Hoyeon desde el momento en que se levantó.
¿Había alguien que estuviera tan ileso después de recibir mi energía inyectada a propósito? A menos que estuviera muerto o a punto de morir.... Sin embargo, el semblante de Hoyeon, que antes era pálido, se veía mejor que nunca.
—Pronto llegaremos a la sede principal, así que comeremos en una posada.
Hoyeon no obtuvo respuesta a su pregunta, pero su atención ya había sido capturada por otro tema. ¿Tan pronto llegaremos a la sede principal? No parecía una distancia que pudiera recorrerse en apenas un par de días... Para llegar a la sede principal del Culto Demoníaco era necesario atravesar innumerables trampas, barreras y formaciones.
Hacía más de cien años, la Alianza del Murim perdió a incontables jóvenes promesas de las nuevas generaciones mientras buscaban la sede principal del Culto Demoníaco en algún rincón de Las Cien Mil Grandes Montañas. Esa era también la principal razón por la que las sectas ortodoxas no podían atacar a la ligera al Culto Demoníaco, a quien habían declarado enemigo público del Murim. Sin embargo, Mugyeong era el hijo de uno de los Cinco Grandes Ancianos del Culto Demoníaco. Existía una alta probabilidad de que conociera al detalle todas las formaciones y atajos.
—Realmente es una fortuna celestial.
Tras terminar sus preparativos, Hoyeon salió de la cueva y sonrió al mirar a Mugyeong.
—Me salvaste la vida y, gracias a ti, también podré llegar fácilmente a la sede principal. Tan solo el viaje desde el Palacio de Hielo me tomó más de cincuenta días.
—Vaya que sí. Parecía que venían a paso de tortuga…
Ante el murmullo de Mugyeong, Hoyeon preguntó con un: «¿Eh?». Esta vez preguntó porque de verdad no había alcanzado a oírlo, pero Mugyeong no volvió a responder.
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Aunque Hoyeon tenía su residencia oficial en el Palacio de la Nieve Eterna, donde habitaban el Señor del Palacio y los ancianos, el Pabellón de la Estrella Plateada, donde residía en la práctica, estaba situado en un rincón sumamente apartado. Al salir del Pabellón de la Estrella Plateada se llegaba a las casas del pueblo llano, y Hoyeon solía recoger de allí a niños huérfanos que pasaban hambre para alimentarlos y enseñarles a estudiar.
A los ancianos del Palacio de Hielo no les agradaba aquello, pero el Señor del Palacio lo permitía en gran medida diciendo que dejaran a Hoyeon hacer lo que quisiera. Ante la enorme muralla exterior que se extendía frente a sus ojos, Hoyeon no pudo evitar recordar por un instante el Palacio de Hielo y a los niños del Pabellón de la Estrella Plateada.
Aunque Mugyeong había dicho que llegarían pronto a la sede principal, tuvieron que caminar a pie durante más de un día, y el sendero estaba compuesto en su totalidad por desfiladeros empinados y accidentados. Solo después de que amaneció, lograron llegar finalmente a la sede del Culto Demoníaco.
Hoyeon no sabía que Mugyeong había elegido deliberadamente el camino más difícil para comprobar su estado físico. Taepyeong, que solía causar alboroto pateando los árboles, no se veía por ningún lado desde hacía un tiempo.
Debido al riguroso control contra las intrusiones del exterior, la sede principal del Culto Demoníaco contaba con una única entrada, donde se alzaba una puerta fortificada hecha de gruesa madera negra que parecía haber sido arrancada directamente de una montaña entera. Sobre ella se erguía una torre de vigilancia, y abajo, guardias fuertemente armados con espadas y lanzas custodiaban el paso.
¿Acaso Mugyeong burló semejante guardia implacable solo para ir a un burdel?