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Cuando la noche cayó por completo, ambos se dirigieron al interior de una cueva. Al principio, Hoyeon se llevó un susto de muerte al descubrir un esqueleto dentro, sin embargo, gracias a la manta que el difunto parecía haber usado en vida, pudo resguardarse del frío.
Aunque no sabía por qué aquel hombre había muerto solo en esa cueva, Hoyeon rezó por el descanso de su alma y le construyó una tumba improvisada.
Antes de dormir, Hoyeon se sentó con las piernas cruzadas para realizar su meditación de energía. Pensó que, ya que Mugyeong sabía que él practicaba artes marciales, no tenía sentido seguir ocultándoselo. Debido al uso excesivo de su fuerza interna en días pasados, su pecho le había estado doliendo, pero tras descansar unos días el dolor disminuyó; aun así, la meditación era esencial.
Hoyeon colocó ambas manos suavemente sobre su Dantian. Comenzó a hacer fluir su energía pura desde el Dantian inferior hacia el Dantian medio.
El Dantian medio estaba en un estado similar al de un hielo sólido lleno de grietas. Con la intención de derretir ese hielo y darle una nueva forma, movió su energía interna con paciencia. No era un estado que pudiera restaurarse de un solo golpe, por lo que debía aprovechar cada momento libre para meditar.
—¿Al Líder?
Esa fue la respuesta de Mugyeong ante la frase de que Hoyeon "había sido vendido" y por eso no podía regresar.
Incluso el Escuadrón de la Sombra de Nieve, que lo escoltaba, creía que era un hijo ilegítimo o un pariente lejano del Señor del Palacio. Sin embargo, al haber confesado que fue vendido, cometió un desliz. En el Culto Demoníaco, se le conocía como el hijo que más profundamente había heredado la sangre del Señor, por lo que su confesión era aún más impactante.
Es decir, sus palabras habían sido una imprudencia de la que se podía deducir que el Señor del Palacio lo había vendido como mercancía, pero Mugyeong sacó a relucir repentinamente al Líder del Culto. Sin embargo, Mugyeong tenía razón: si no fuera por el Líder, para empezar, jamás habría venido a Las Cien Mil Grandes Montañas.
Sus pensamientos derivaron naturalmente hacia Mugyeong. Poseía un nivel de artes marciales de Gran Maestro y una percepción sensorial increíble, pero decía que su hermano mayor heredaría la familia.... ¿Qué tan alto será el nivel del hermano mayor entonces? Hoyeon intentó apartar esos pensamientos y se concentró en el flujo de energía interna azul que navegaba a través de los Ocho Meridianos Extraordinarios.
El Culto Demoníaco era extremadamente reacio a mostrarse al mundo exterior. Se decía que, por ello, ocultaban a innumerables expertos entre sus filas; Mugyeong era la prueba viviente de ello.
Además, el Culto se había vuelto aún más reservado tras la Gran Guerra entre el Bien y el Mal mientras reorganizaban sus fuerzas. Que hubieran cruzado las Planicies Centrales hasta llegar a los límites solo para buscar un Cuerpo de Yin Extremo demostraba la urgencia del Líder.
Una vez que los pensamientos intrusivos comenzaron a fluir, no hubo forma de detenerlos. Si seguía así, podría sufrir una Desviación de Cultivo. Al terminar su meditación, Hoyeon abrió ligeramente los ojos y vio a Mugyeong acostado de lado, apoyando la barbilla en su mano mientras lo observaba. Seguramente se había dado cuenta de que, debido a sus distracciones, Hoyeon había terminado haciendo una meditación vacía en lugar de una real.
—De todas formas, hoy iba a ser una sesión corta.
Su excusa sonó lamentable. Mugyeong no respondió, lo que hizo que Hoyeon se sintiera aún más avergonzado.
Haciéndose el desentendido, Hoyeon se acostó con disimulo cerca de Mugyeong. Durante los dos días de campamento nunca se habían abrazado, pero bastaba con estar cerca del otro para mantener la temperatura corporal. Pensándolo bien, parecía que la temperatura corporal de Mugyeong era más alta que la de los demás. Y, por suerte, la gente del Palacio de Hielo era resistente al frío.
Mugyeong simplemente tenía un cuerpo grande; para Hoyeon, quien solía dormir con los niños en el Pabellón de la Estrella Plateada, tener a alguien al lado no era una sensación extraña.
Pronto, Hoyeon cayó en un sueño profundo. No fue porque se sintiera seguro al tener a alguien protegiéndolo, sino porque su cuerpo, agotado tras usar artes marciales sin estar recuperado, buscaba instintivamente el descanso. Sin embargo, a pesar del sueño profundo, las pesadillas continuaban.
En su sueño, Hoyeon temblaba de frío en las profundidades subterráneas de la gélida Montaña de la Nieve Eterna. Habiendo nacido en el Mar del Norte, era resistente a las bajas temperaturas, pero incluso eso tenía un límite.
En el subsuelo de la Montaña de la Nieve Eterna, donde no penetraba ni un rayo de luz, no existía el menor rastro de calor. La única forma de apaciguar el frío era acurrucarse apretadamente junto a los niños a su lado.
Los niños que estaban más afuera y los que estaban en el centro se turnaban periódicamente para compartir el calor.
Al principio, los niños más fuertes se aferraban al cálido centro, pero cuando los niños del exterior morían congelados, ellos terminaban muriendo de frío de igual manera.
Fueran fuertes o débiles, debían intercambiar posiciones periódicamente; ese fue el método que los niños aprendieron para sobrevivir. Aun así, los niños que morían congelados eran innumerables. Como si aún pudiera sentir aquel frío helado, Hoyeon encogió su cuerpo al máximo incluso entre sueños.
Haa... De pronto, un vaho blanco escapó de los labios de Hoyeon. A diferencia del Mar del Norte, donde todas las estaciones eran invierno, aquí solo se trataba de una noche fresca. A pesar de ello, una frialdad propia de pleno invierno emanaba de Hoyeon.
Mugyeong acercó su mano a la boca de Hoyeon. Era un frío increíble, difícil de creer que proviniera de un ser vivo.
—... Ven aquí.
Quizás porque sintió el calor incluso a una distancia en la que ni siquiera se rozaban, Hoyeon sujetó la mano de Mugyeong. Hasta echó su espalda más hacia atrás, como indicándole que viniera a recostarse a su lado.
Mugyeong inclinó la cabeza y miró a Hoyeon desde arriba. Al ver que Mugyeong no se acostaba a su lado, los ojos cerrados de Hoyeon se abrieron lentamente. Una mirada de desconcierto, como preguntándole por qué no se acercaba, se posó sobre Mugyeong.
Sin embargo, sus ojos estaban nublados y desenfocados por el sueño. La noche anterior también se había acercado buscando calor en medio del sueño, y hoy era exactamente igual.
Hoyeon tiró de su mano, y Mugyeong, dejándose llevar, sostuvo su cuerpo apoyando un brazo contra el suelo. Hoyeon, debajo de Mugyeong, tomó aquella mano grande con ambas manos y se la llevó al pecho. «¿Ves? Así se siente cálido», murmuró Hoyeon antes de cerrar los ojos con lentitud una vez más.
La luz de una luciérnaga que había entrado desorientada a la cueva iluminó tenuemente el rostro de Hoyeon. Mugyeong se inclinó muy despacio para observarlo con atención.
—Un enigma.— Susurró Mugyeong mientras emanaba una energía de color rojo oscuro desde la mano que tocaba a Hoyeon.
La oscilante energía interna parecía condensar una cordillera entera. Empujó esa energía hacia el Dantian medio de Hoyeon. El cuerpo de Hoyeon se estremeció violentamente ante la poderosa energía interna, pero él continuó inyectándola sin vacilar.
Por lo general, su energía interna parecía estar sellada, pero la destreza marcial que Hoyeon había demostrado era de al menos el nivel de Cúspide. Al igual que el Arte de la Castidad, una técnica marcial que se rompe si se tiene contacto carnal, ¿Acaso existía en el Palacio de Hielo del Mar del Norte algún arte marcial con el tabú de tener que sellar la energía interna para volverse más fuerte?
Mugyeong ni siquiera pudo soltar una risa amarga. Era imposible que existiera una técnica marcial semejante.
La energía que Mugyeong emitía en ese momento se asemejaba más al fuego que a la energía demoníaca. Era tan intensa que, si se hubiera tratado de una persona ordinaria, todo su cuerpo se habría consumido en llamas en un instante por el calor que recorría sus meridianos. Sin embargo, la energía de Mugyeong que ingresó al interior de Hoyeon quedó bloqueada en el Dantian medio sin poder propagarse más allá. Mugyeong entrecerró levemente sus ojos.
Ahora, no solo desde su mano, sino desde todo el cuerpo de Mugyeong, una energía carmesí brotó como llamaradas de fuego. Sin embargo, a pesar de aquella energía abrasadora capaz de derretir la cueva, de la boca de Hoyeon solo emanaba un aliento gélido, como si albergara Hielo Eterno.
No existía energía interna que el Demonio Celestial no pudiera escudriñar. El Santo de la Espada, llamado la Primera Espada de las Planicies Centrales; el Rey de la Palma, quien se decía que estaba en la cima del arte de las palmas; e innumerables maestros cuyos nombres ya habían sido olvidados perdieron la vida a manos suyas. Él era alguien que se encontraba en un reino capaz de ver a través de las artes marciales de cualquiera como si mirara la palma de su mano. Y sin embargo, un mero nivel de Gran Maestro mostraba un rechazo absoluto.
—Mira nada más.
Mugyeong, que hasta ahora no había mostrado expresión alguna, mostró los dientes en una sonrisa.
—Ha llegado algo muy interesante desde el Mar del Norte.
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Solo cuando la luna comenzó a ocultarse, Mugyeong retiró su energía y se levantó. Dejó a Hoyeon solo y salió de la cueva.
A un costado de la cueva, donde se proyectaba la sombra de los árboles, se encontraba un hombre completamente vestido de negro y con el rostro cubierto por una máscara. Taepyeong resoplaba por la nariz mostrando su disgusto, pero no llegó al extremo de embestirlo.
El hombre hizo un saludo con los puños unidos en cuanto apareció Mugyeong, sin que sus movimientos produjeran el menor sonido.
—¡El Culto Sagrado es invencible, diez mil demonios se someten! Este humilde servidor, Jang Woon, saluda al Líder del Culto.
El enmascarado utilizó la transmisión de sonidoJeoneum / 전음: Técnica que utiliza la energía interna para transmitir la voz de forma confidencial únicamente a un destinatario específico., por lo que solo Mugyeong pudo escucharlo. Jang Woon era un subordinado que había seguido los pasos de Mugyeong todo este tiempo. Cuando Mugyeong asintió indicándole que continuara, Jang Woon prosiguió con la transmisión de voz:
—El que ordenó el ataque al Palacio de Hielo fue, como usted sospechaba, el Primer Joven Maestro. Actualmente está huyendo, por lo que estamos tras sus pasos.
Incluso el primer hijo del anterior Líder, el Primer Joven Maestro Cheon Beomyeong, creía que el Demonio Celestial padecía de los Nueve Meridianos del Yang Extremo. Por esa razón había ordenado el asesinato de Wi Hoyeon. En circunstancias normales no habría prestado mayor atención a los movimientos de Cheon Beomyeong, pero Mugyeong cambió de opinión tras ver el retrato enviado desde el Palacio de Hielo.
—Ha aparecido algo que no existía antes, así que es inevitable que sea un misterio.
Mugyeong debía comprobar este extraño fenómeno por sí mismo.