Hoyeon recobró gradualmente el sentido ante el ruidoso sonido de las ruedas y el impacto del duro suelo de madera golpeando su cuerpo. Tal vez despertó porque la luz del sol que caía sobre su rostro era demasiado intensa. Por hábito, estiró la mano para intentar alcanzar su sombrilla de papel, y en ese instante, su mente se despejó por completo.
Al incorporarse apresuradamente, vió la espalda de un hombre sentado frente al carro tirado por un caballo. Solo con ver esa espalda ancha, Hoyeon supo de inmediato que se trataba del benefactor que lo había salvado el día anterior. Aunque había perdido el conocimiento estando indefenso, parecía que su salvador no lo había abandonado hasta el final.
—Esto... benefactor.
La voz de Hoyeon fue opacada por el tosco chirrido de las ruedas del carro. Se preguntó qué era este carro y dónde estaban... El campamento de anoche no se veía por ninguna parte; en su lugar, se extendía el paisaje de un pequeño pueblo. El callejón por el que pasaba el carro estaba abarrotado de tiendas diversas y una multitud de personas.
A un paso de distancia, el aroma de los dumplings al vapor estimulaba su olfato, y un poco más allá se sentía el olor dulce del tanghulu. Entre los comerciantes que atraían clientes, también abundaban los mendigos que pedían limosna.
—Oiga... benefactor.
Esta vez, Hoyeon alzó un poco más la voz. Solo entonces el hombre se dio la vuelta; no solo llevaba un sombrero de paja, sino que aún conservaba su máscara. Era un atuendo que lo hacía lucir verdaderamente sospechoso.
Además, dado que transportaba a alguien desmayado en una carreta, debieron atraer todas las miradas. A Hoyeon le dio vergüenza pensar que él mismo debió haber sido el espectáculo de la gente mientras dormía.
El hombre detuvo el carro frente a una posada destartalada llamada "Posada Cheongsan". Desenganchó al caballo, lo llevó a un abrebadero lleno de forraje y lo ató de nuevo. El caballo negro del hombre, que relinchaba constantemente, parecía un corcel magnífico a simple vista, pero sus ojos eran algo peculiares.
Tenía más blanco que negro en los ojos, por lo que se veía un poco desquiciado. A juzgar por cómo miraba con furia el carro que había estado arrastrando, parecía estar de mal humor. Sin embargo, exceptuando sus ojos brillantes, se comportaba con mucha docilidad ante las manos del hombre.
—Realmente le debo una gran gratitud. ¿Usted no ha resultado herido en ninguna parte, benefactor?
Hoyeon bajó del carro y le preguntó a su salvador. Como le preocupaba aquel comentario sobre ser un "desastre despeinado", se arregló un poco el cabello con las manos.
—Como puedes ver.
Ayer estaba demasiado aturdido para notarlo, pero la voz del hombre era tan profunda que incluso sentía una ligera presión intimidante. Era extraño, pues no parecía que estuviera cargando energía interna en su voz.
—Gracias a que preparó el transporte, pude venir cómodamente.
—¿A pesar de que estuviste a punto de salir volando varias veces?
El hombre respondió con indiferencia mientras le daba unas palmaditas al caballo, que bebía agua con avidez, y luego se dirigió hacia la posada. Hoyeon lo siguió diligentemente por detrás.
El mesero de la posada recibió a los dos huéspedes y los guió rápidamente a sus asientos. La mirada del empleado se detuvo un momento en la espada que llevaba el hombre y luego en la sombrilla que sostenía Hoyeon.
—¿Desean ordenar ahora?— El mesero preguntó mientras servía té en dos tazas.
—Trae tres raciones de dumplings y tres de fideos finos.
El hombre ordenó sin siquiera preguntar qué había disponible en la posada. El mesero corrió de inmediato a la cocina para transmitir el pedido. Sus acciones eran increíblemente ágiles para ser aún un niño.
Hoyeon observó al niño con una mirada de admiración. Si los niños del Pabellón de la Estrella Plateada me vieran, seguramente se quejarían diciendo que ya empiezo otra vez. Hoyeon apartó esos pensamientos y volvió a mirar a su salvador.
Justo cuando Hoyeon iba a decir algo para iniciar la conversación, el hombre se quitó el sombrero de paja y, acto seguido, se despojó de la máscara.
Hoyeon cerró la boca al instante, olvidando lo que iba a decir. ¿Cómo puede una persona lucir así? Si juzgara solo por su apariencia, incluso creería que es un espectro o una criatura mística. Aun cuando solo se veían sus ojos, ya tenía un aura que captaba la atención, pero con su rostro totalmente revelado, Hoyeon se sintió abrumado.
A pesar de que Hoyeon nunca se había interesado mucho en esas cosas, había recibido innumerables elogios por su propia apariencia. Sin embargo, el hombre frente a él poseía una atmósfera completamente opuesta a la suya, aun habiendo recibido también seguramente muchísimos cumplidos.
Bajo sus cejas rectas y definidas, se encontraban unos ojos como obsidiana. El color negro intenso de sus pupilas llenas de fuerza parecía una oscuridad capaz de absorber incluso la luz.
Hoyeon retiró rápidamente su mirada, que podría resultar grosera. Luego, recuperó la compostura y le dió las gracias.
—Gracias una vez más por salvarme. Ahora que lo pienso, ni siquiera nos hemos presentado formalmente.
—Es lógico. Lo que más hice fue verte dormir.
Hoyeon sintió que sus mejillas se calentaban, pero no pudo evitarlo. Uno de los efectos secundarios de haber forzado el uso de su energía interna desde su DantianDantian (Danjeon / 단전): El centro donde se acumula la energía interna. era, precisamente, el desmayo.
—Mi nombre es Wi Hoyeon. Si no le importa, ¿Podría saber el nombre de mi benefactor?
El hombre levantó la taza de té que estaba sobre la mesa para humedecer su garganta y luego respondió escuetamente:
—Mugyeong.
No estaba claro si solo le estaba diciendo su nombre o si su apellido era Mu.
—Esto... ¿Por si acaso, no hubo otros sobrevivientes?
—Ninguno.
La pequeña esperanza que albergaba se desmoronó. Dicen que la ley del Jianghu es que el fuerte devora al débil, y en ningún lugar la brecha entre ambos era tan clara como allí. Hoyeon rezó por el descanso de los miembros del Escuadrón de la Sombra de Nieve que perecieron en tierras extranjeras.
Como último recuerdo antes de desmayarse, sabía que el carruaje también había sido saqueado. Le dolían los lingotes de oro y plata, pero no eran nada comparados con el Loto de Nieve de la nieve eterna. ¿Qué tan común era encontrar una medicina así? Era un tesoro capaz de aumentar la energía interna en 30 años. Por supuesto, si el objetivo del asesinato era él, era seguro que no se trataba de simples bandidos buscando dinero. No sabía desde dónde, pero estaba claro que la información se había filtrado.
Nieve Eterna, desastre despeinado... Esas palabras de Mugyeong seguían dando vueltas en su cabeza.
—Joven Mugyeong... ¿Acaso usted ya me conocía?
Hoyeon preguntó de la forma más suave posible para no parecer que lo estaba interrogando.
—¿Por qué piensas que debería conocerte?
Mugyeong parecía tener una forma peculiar de hablar. Mientras Mugyeong bebía el té, Hoyeon también bebió de su taza.
Ciertamente, sentía la garganta irritada por la sequedad. Entonces vio manchas de sangre seca en la manga ancha de su túnica y se la quitó rápidamente. Como debajo llevaba una prenda de seda dorada, no había problema en quitársela.
—Es que como mencionó lo de la Nieve Eterna y el desastre despeinado...
—Los rumores sobre ti son muy abundantes.
Mugyeong volvió a servirse té y se lo llevó a los labios. ¿Qué razón habría para que las noticias de alguien que estaba en el Palacio de Hielo llegaran hasta aquí?
—¿Mis rumores?
—El retrato enviado por el Palacio de Hielo era impresionante.
Hoyeon no sabía que el Señor del Palacio llegaría al extremo de enviar incluso su retrato al Culto. Pero si Mugyeong era capaz de ver ese retrato, entonces no era una persona común.
—Benefactor... ¿Es usted alguien del Culto Demoníaco?— Hoyeon preguntó en voz baja.
—¿Acaso hay alguien en el Culto Demoníaco que no use energía demoníaca?
Como Hoyeon nunca había visto a nadie del Culto, no sabía exactamente qué era la energía demoníaca. Ayer, el color de la energía de espada de Mugyeong era negro, pero a diferencia de los atacantes, no se sentía una energía lúgubre o desagradable. Sin embargo, Mugyeong estaba diciendo que él mismo era del Culto Demoníaco.
—Entonces los que me atacaron ayer también deben ser personas con acceso a la información del Culto.
—Porque ellos también usaron energía demoníaca.
Eso significaba que los atacantes eran miembros del mismo Culto. Hoyeon soltó un suspiro muy leve. Sin pensarlo mucho, podía deducir la situación a grandes rasgos.
—Deben ser facciones que quieren causar fricciones con el Palacio de Hielo, o bien, facciones opositoras al Líder del Culto.
A juzgar por su apariencia, parecía alguien solo interesado en el lujo, pero al presentar una deducción tan plausible, resultó ser un giro inesperado. Hoyeon continuó exponiendo sus pensamientos calmadamente.
—Si no fuera eso, no habría razón para detenerme a mí, que vengo al Culto Demoníaco por orden del propio Líder.
Hoyeon volvió a rezar sinceramente por el descanso de los guerreros del Escuadrón de la Sombra de Nieve, cuyos cuerpos ni siquiera pudo recoger antes de morir en tierras extranjeras.
— Deben tener mucha hambre. ¡Aquí está la comida, ay!
En ese momento, el mesero que se acercaba sonriendo casi sufre un colapso al ver el rostro revelado de Mugyeong. Hoyeon rápidamente sostuvo la bandeja que el niño llevaba.