—¡Oye! ¿Te enteraste de la noticia?
—¿De qué noticia hablas?
En ese momento, dos hombres entraron descorriendo la cortina de la posada, que hasta entonces estaba vacía. Sus voces eran tan potentes que su conversación resonaba por todo el lugar. Mugyeong seguía bebiendo licor sin siquiera voltear a mirar. Mientras tanto, el mesero enviado por el sirviente trajo la comida.
¿Acaso en el Culto Demoníaco hasta los meseros entrenaban artes marciales externas? Presumiendo de una corpulencia descomunal tanto de frente como de espaldas y a los lados, el mesero sostenía la bandeja equilibrada sobre su cabeza. Era tan inmenso que, sin exagerar demasiado, la enorme bandeja parecía del tamaño de la palma de una mano. Sobre ella rebosaban platos de pato reluciente de grasa, carne de res salteada e incluso una abundante Sopa de Dragón y FénixYongbong-tang / 용봉탕: Un plato de alta cocina hecho tradicionalmente con carpa (dragón) y pollo (fénix), aunque aquí se menciona pollo y tortuga., preparada con pollo y tortuga.
Al observar la comida servida rápidamente, Hoyeon notó que, a excepción de la carne de res, todos los platos incluían las cabezas de los animales enteras. A pesar de tener la mesa llena, Hoyeon sintió que perdía el apetito. Esto se debía a que en el Palacio de Hielo consideraban que las cabezas de los animales en la comida eran de mal augurio y siempre las retiraban.
Mugyeong se arremangó con calma la manga derecha y tomó los palillos. ¿Cómo puede estar tan tranquilo ante el inminente encuentro con el Líder? En realidad, el nombre de Taepyeong (Gran Paz) le sentaba mucho mejor a Mugyeong. Solo Hoyeon estaba consumido por la ansiedad.
—¡Dicen que el Líder del Culto entró hoy en cultivo aisladoPyegwan sulyeone / 폐관 수련에: Cerrar las puertas para concentrarse únicamente en el entrenamiento de artes marciales o el cultivo espiritual por un largo periodo.!
Uno de los dos hombres que acababan de entrar alzó la voz mientras tomaba asiento no muy lejos de ellos.
—¡¿Qué?! ¡¿Es eso cierto?! ¡¿El Líder en cultivo aislado?!
La cabeza de Hoyeon se giró por reflejo hacia los dos hombres. Uno tenía los ojos tan rasgados que era imposible saber si los tenía abiertos o cerrados, mientras que el otro era un hombre apuesto y de porte afable que llevaba un parche de cuero negro. Casi de inmediato cruzó miradas con el hombre del parche. Aunque no llegaba al nivel de Mugyeong, poseía una apariencia notable.
—Así es. Dicen que nuestro gran Líder se dedicará al cultivo de sus artes marciales en un entrenamiento aislado por tiempo indefinido. Verdaderamente, este humilde servidor no puede sino sentirse insignificante.
—Que el Líder haya entrado en reclusión... la verdad es que a este humilde servidor también lo tomó por sorpresa.
Aunque el hombre apuesto parecía más joven, quien hablaba con respeto era en realidad el hombre de ojos rasgados, que parecía mayor.
—¡Oye! ¡Trae el licor más caro de la posada! ¡Debo celebrar debidamente el cultivo aislado de nuestro Líder!
Las palabras "cultivo aislado" no dejaba de resonar en los oídos de Hoyeon.
¿El Líder me ordenó venir desde el Palacio de Hielo y ahora entra en un entrenamiento aislado para alcanzar una gran iluminación? O tal vez ocultaba el empeoramiento de los Nueve Meridianos del Yang Extremo bajo el pretexto de una reclusión de cultivo.
Cualquiera que fuera la verdad, para Hoyeon era un alivio. Al menos no tendría que enfrentarse al Líder en los próximos días. Sumado a la actitud despreocupada de Mugyeong, era una noticia increíblemente buena ante la tensión que sentía por el encuentro.
Hoyeon miró de reojo a Mugyeong, quien continuaba comiendo tranquilamente. ¿Acaso Mugyeong ya sabía que las cosas terminarían así? No, habían dicho que el Líder entró en reclusión hoy mismo. No había forma de que Mugyeong, que había estado todo este tiempo a su lado, estuviera al tanto de esa información.
Incapaz de ocultar su alegría, Hoyeon le susurró muy bajito:
—Deberíamos decir que es una suerte increíble, ¿Verdad?
Ante esto, Hoyeon también se arremangó y tomó los palillos como Mugyeong. Temiendo indigestarse tras pasar más de un día con el estómago vacío, empezó calmando el apetito con tofu de sabor suave. Pensando en su delicado sistema digestivo, Hoyeon continuó comiendo con tranquilidad.
Mugyeong seguía bebiendo con indiferencia, teniendo a su lado al mesero, que en realidad era el capitán del Escuadrón de la Sombra Demoníaca, el Guardián Derecho de pie junto a él, y el Guardián Izquierdo sentado en diagonal junto al Demonio Fantasma de la Lengua Venenosa.
Tanto el comandante a cargo del Escuadrón de las Sombras Demoníacas, conocido como la sombra del Líder, como los Guardianes de la Derecha y de la Izquierda profesaban una lealtad y confianza absoluta hacia el Líder.
Tan pronto como los Guardianes se enteraron de todo lo sucedido por boca de Jang Woon, trajeron consigo al comandante y armaron toda esta farsa teatral. Y el Demonio Fantasma de la Lengua Venenosa, muriéndose de ganas por meter las narices, se presentó en el lugar dejando de lado su usual naturaleza elusiva.
—El Señor del Palacio del Mar del Norte resultó ser útil después de todo. Con una hija de belleza tan sobresaliente, no es de extrañar que nuestro Líder haya quedado cautivado.
La transmisión de sonido del Demonio Fantasma de la Lengua Venenosa llegó directo a Mugyeong. Parecía que verdaderamente tendría que arrancarle el único ojo inútil que le quedaba.
—Si hubiéramos llegado un solo día antes, nos habríamos metido en un lío tremendo.
Hoyeon continuó hablándole a Mugyeong en voz baja, manteniendo aquel murmullo confidencial.
Mugyeong, mientras inclinaba su copa, dejó escapar una risa torcida. Hoyeon era un ser verdaderamente misterioso que había aparecido en su aburrida vida. Mientras comía, Hoyeon mantenía sus ojos dóciles fijos en la comida.
—Es verdaderamente una fortuna celestial.
La sonrisa de Mugyeong quedó pronto oculta tras la mano que sostenía la copa de licor.
✩₊˚.⋆☾⋆⁺₊✧
No había pasado ni medio día desde que entraron en la sede principal del Culto, y la imagen que Hoyeon tenía de este lugar —que solo había imaginado vagamente— comenzó a desmoronarse poco a poco.
Pensaba que, aunque fueran simples seguidores, todos emanarían una energía demoníaca feroz y que las calles estarían llenas de una atmósfera sombría. Estaba convencido de que la sede principal, oculta en las entrañas de Las Cien Mil Grandes Montañas, difícilmente sería un lugar apto para la vida humana. Pero los miembros del Culto, al final, también eran personas. El distrito comercial ubicado al pie del Pabellón de los Ancianos rebosaba de un ajetreo constante.
En la capital cercana al Palacio de la Nieve Eterna donde residía Hoyeon también había toda clase de tiendas y transeúntes. No obstante, en el Mar del Norte, debido a las constantes ventiscas de nieve, la mayoría de la gente caminaba con gruesas pieles que les cubrían hasta debajo de los ojos y sombreros bien calados. Por ello, salvo al momento de comprar y vender mercancías, rara vez entablaban conversaciones innecesarias.
En cambio, este distrito comercial era tan bullicioso por las charlas cruzadas de la multitud que resultaba abrumador. Dado que hasta la segunda muralla defensiva que cruzaron para entrar no se escuchaba ni el canto de un pájaro, parecía que sobre la muralla misma habían grabado una formación para aislar el interior del exterior.
Hoyeon estaba sentado en el carruaje, apoyando la barbilla en el mango de su sombrilla de papel aceitado mientras miraba por la ventana. Se estaban desplazando a algún lugar tras haber terminado de comer, siguiendo la petición de Hoyeon.
Antes de salir de la posada, Hoyeon había informado al culto sobre todos los detalles de la emboscada a través del sirviente de Mugyeong. Por mucho que el Líder hubiera entrado en cultivo aislado, resultaba inconcebible no reportar lo ocurrido.
Hoyeon sugirió esperar en la posada hasta que alguien del Culto viniera a verlo. Sin embargo, en menos de medio día, llegó una carta de Il Ganggun, el Guardián Derecho, quien era prácticamente la mano derecha del Líder.
Decían que Il Ganggun era el único con autoridad para tomar decisiones en nombre del Líder durante su reclusión.
「 Hasta que concluya el cultivo recluido del Líder del Culto, se delega la custodia y el cuidado absoluto de Wi Hoyeon al Joven Maestro Mugyeong, segundo hijo del Anciano Mu Seongpyeong del Clan Marcial de las Sombras Demoníacas. 」
El Clan Marcial de las Sombras Demoníacas era un linaje que había servido al Líder durante generaciones, y el Patriarca Mu Seongpyeong era actualmente uno de los Cinco Grandes Ancianos Demoníacos. Al tratarse del segundo joven maestro de semejante clan, la posición de Mugyeong le pareció a Hoyeon intimidantemente alta. Por supuesto, ignoraba por completo que aquella carta había sido redactada a toda prisa con un pincel por Il Ganggun, disfrazado de sirviente, en la cocina de la posada.
Il Ganggun había estado atento a cada gesto para ver si había interpretado correctamente la voluntad de su señor, pero Mugyeong no mostró reacción alguna al leer la carta.
—Parece que el Líder no tiene un gran interés en mí después de todo.
Eso fue lo que Hoyeon pensó antes de subir al carruaje hace un momento. Mugyeong le respondió con calma:
—O tal vez solo finge no tenerlo.
—No creo.
Para Hoyeon, esas palabras escondían el significado de que el Líder lo estaba ignorando deliberadamente. Parecía evidente que el Líder no lo consideraba un verdadero Cuerpo de Yin Extremo. Probablemente solo había presionado al Palacio de Hielo por un capricho y ahora, en una situación ambigua, simplemente los había dejado a su suerte. Si se pensaba que su mal carácter se debía a los Nueve Meridianos de Yang Extremo, todo cobraba sentido.
De cualquier modo, solo y desamparado en el Culto Demoníaco, su custodia entera había sido encomendada a Mugyeong. Le había prometido saldar su deuda, pero ahora terminaría endeudándose todavía más con él.
No me irá a abandonar por ahí diciendo que me las arregle solo, ¿Verdad?
En la carta no decía nada sobre tratar a Wi Hoyeon con hospitalidad o proteger su vida a toda costa. Por lo tanto, la persona a la que Hoyeon debía complacer de ahora en adelante no era el Líder, sino Mugyeong.
Además, necesitaba enviar noticias al Palacio de Hielo, y para lograrlo requeriría de cuantiosos fondos y contactos. ¿De dónde sacaría ese dinero y esas conexiones?
El problema no terminaba allí. Según los planes originales, tras establecer contacto con el Culto Demoníaco, los miembros del Escuadrón de la Sombra de Nieve habrían tenido sus puntos de acupuntura sellados para inmovilizarlos y los ojos vendados durante el traslado a la sede principal. Hoyeon, dentro del carruaje, habría pasado por lo mismo; así de celosamente se ocultaba la ubicación de la sede principal. Aunque había entrado fácilmente gracias a la ayuda de Mugyeong, ahora que conocía el camino y la sede, salir de allí resultaría prácticamente imposible.
Había creído que el cultivo recluido del Líder era un golpe de suerte, pero en realidad Hoyeon había quedado atrapado en una inmensa jaula llamada la sede principal del Culto Demoníaco.